Este domingo
estuve recordando a nuestro extinto amigo y maestro Medardo Bañuelos Lagunes,
quien además de una abogado astuto y estudioso, fue un profesor normalista y
antropólogo, pero sobre todo un mentor y amigo del que escribe estas líneas.
A Medardo
lo conocí cuando por invitación de otro gran jurista y maestro el doctor Manuel
Fuentes Muñiz, acudimos varios jóvenes universitarios a los eventos de jóvenes
por un derecho alternativo organizados por la Asociación Nacional de Abogados Democráticos.
Recuerdo que llenábamos una sala de
juntas de esa mítica oficina del doctor Fuentes en la colonia Doctores, se nos
permitía opinar, participar, se dejaban atrás de la puerta los títulos
nobiliarios por el compañerismo y la crítica constructiva. El doctor Fuentes,
presidente de la ANAD, observaba con la solemnidad que le caracteriza y a su lado había un abogado con un lenguaje
fluido y sobre todo con una vocación democrática quien, escuchaba con atención
los planteamientos de los jóvenes.
Entusiasmado participé en el proyecto, y me
adherí a la Asociación Nacional de Abogados Democráticos, además de que seguí
frecuentando al maestro Medardo, con quien incluso formé una sociedad y
postulamos diversos asuntos. Yo iniciaba como pasante, estaba en trámite mi
cédula profesional, había pocos recursos, pero Medardo con su generosidad nos
invitaba a varios compañeros y compañeras a círculos de estudio jurídico, donde
abordábamos además tema de política, sociología y marxismo, y claro Medardo era
quien pagaba las cuentas del café.
Recuerdo que en ese tiempo, los juzgados civiles
eran un reto para un joven sin apadrinamientos, pues, la petulancia y el
autoritarismo eran una constante, sobre todo recuerdo un juicio de
arrendamiento, donde defendíamos a una familia de escasos recursos que vivía en
un cuarto de azotea y quería ser despojado con tácticas poco leales, en ese
tiempo estudié con Medardo el control constitucional difuso y emprendimos un
incidente en un juicio especial de arrendamiento,
el Juez ni nos volteó a ver, nos desecharon el incidente y sentenció.
En el amparo directo revocamos la
sentencia, y el juzgador esta vez llevó la audiencia personalmente, no se
acostumbraba en esos tiempos, recuerdo que éste tenía ya un libro de
jurisprudencias de la Corte Interamericana e incluso formuló alegatos como si
se tratara no de un juzgador sino de un abogado postulante, fue hostil. No
obstante ello, Medardo con gran astucia en una diligencia donde dicho juzgador
actuaba sumamente agresivo conmigo, donde me desechaba las preguntas sin
escucharlas, le manifestó de forma directa al juzgador: “por qué me miras con
odio”, todos quedamos atónitos en la barandilla de audiencias, el juzgador
cambió su semblante y negó el hecho, pero comenzó a admitir las preguntas
formuladas desde luego legalmente.
Al salir noté que Medardo había utilizado esa estrategia para evitar que
el juzgador continuara prejuzgando bajo el odio de haber logrado revocar su
sentencia, y desde entonces yo también comprendí que el derecho se vive y un
jurista no solamente debe contar con conocimientos jurídicos sino también
sensibilidad humana además de una profunda observación de los contextos en que uno
se desenvuelve.
También recuerdo cuando, impulsamos a Medardo
para la presidencia de la ANAD, y bueno un grupo de abogados y abogadas de la
organización bajo un pánico que aún no comprendo, cerraron el auditorio donde
se desahogaría la elección y nos dijeron que no podíamos pasar a la asamblea
porque no estábamos en la lista. Nos llamó la atención porque cuando se trataba
de alguna conferencia o escucharlos siempre había espacio, pero para tomar
decisiones ahí no.
Los jóvenes
que teníamos entusiasmo en participar en dicha organización porque en la
presidencia del doctor Fuentes se nos reconoció y permitió ser escuchados,
luchamos por ser tomados en cuenta en las decisiones de la ANAD, logrando la vicepresidencia
de Medardo Bañuelos, único vicepresidente en la historia de los abogados
democráticos, gracias a un sector de la abogacía democrática Jorge Viveros
Reyes, que sensibilizó al duro consejo democrático.
Lamentablemente una confusión en un
asunto jurídico de un gran abogado que sufrió una injusticia nos apartó, pues,
en ese momento yo vivía dificultades de índole académico y personal, por ende,
tuve que abocarme a éstos, no pudiendo prestar el auxilio debido. La falta de
comunicación nos alejó. Lamento eso hasta ahora.
Medardo falleció en marzo del 2024, empero,
su legado se mantendrá como lo que fue: un hombre crítico, generoso con las
nuevas generaciones, inquieto, y sobre todo estudioso. Hasta siempre maestro!
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