El
texto que aquí se presenta se trata de una novela cuyo personaje central es
Juan Pacheco, quien carece de estudios de licenciatura pero ocupa un puesto
administrativo en una oficina gubernamental,
es subjefe de oficina y un experto en negocios turbios, pelea con el
personal administrativo, trata con desdén a los contribuyentes y pretende ser
ascendido para contar con teléfono privado y una secretaria-bilingüe.
El tema central de la obra son las peripecias
y formas de comportamiento de la clase burócrata mexicana. Los trabajadores
administrativos en la oficina donde se desarrolla la historia principal
constantemente buscan evitar trabajar, se la pasan buscando ganancias
extraordinarias por medio del chantaje, el chisme y la extorsión a los
contribuyentes. La manera en que se
comportan hacia el interior es llena de prejuicios y retóricas gastadas como
“la reforma administrativa” y el “deber de servir a la patria”, con el objetivo
de someter a los débiles de la oficina administrativa y evadir sus obligaciones.
Todas esas “virtudes” se desprenden de
Juan Pacheco, un hombre que debe lidiar día a día con la frustración, desde su
oficina donde nadie le reconoce el poco trabajo que realiza hasta su hogar donde
el deseo sexual es una utopía que debe cubrir arrancando hojas de revistas para
caballeros que le renta Julián el encargado del puesto de periódicos.
Sin embargo, Juan Pacheco reflexiona
constantemente sobre los propios defectos del sistema, los abogados que
pretenden agilizar sus trámites mediante dádivas que son socios habituales de
los empleados de gobierno, hasta los contribuyentes que pretender evadir sus
obligaciones mediante “algún arreglo”, las críticas de Juan son interesantes
incluso en ocasiones agudas sobre la malformación no solamente del sistema sino
también de los sujetos que se rodean en torno al mismo, quienes contribuyen a
la decadencia general.
Todo cambiará para Juan cuando en su hogar
aparece Amapola, quien confiesa a Catalina (esposa de Juan) que es su amante.
Catalina analiza las ausencias en su hogar, especialmente por la monotonía
cotidiana, y pretende mejorar su calidad amorosa con Juan, hasta el extremo de
aceptar a Amapola. Juan se sorprende porque no conoce a Amapola, pero la
aparición repentina de ésta mejora la vida amorosa de Juan con su esposa.
Otro hecho relevante para Juan, es la
rebelión del robot Pérez, quien es un
joven oficinista que sigue al pie de la letra las instrucciones de su jefe, y
éste un día le pide falsificar las firmas de los superiores y robar los sellos
para poder llevar a cabo un trámite, pero una mesera de cafetería lo cuestiona
hasta el grado de despertar en él un sentimiento de enojo y revivir un viejo
sueño que se oscurecía en las oficinas públicas, como es el ser piloto de una
empresa automotriz. Pérez decidido a enfrentar a Juan acude a las oficinas sin
realizar los mandatos de éste. Juan lo observa detenidamente y decide
reconocerlo por su valor.
Por último, el lector podrá conocer la
verdadera tragedia que vive Juan y su esposa, la cual es consecuencia del mundo
caótico y de vicios que vivimos como sociedad, aquella que ataca a los más
débiles no solo físicamente sino sobre todo mentalmente, lo que nos hará generar
una conciencia sobre una posible hipótesis de los motivos de odio que tiene el
burócrata ante la sociedad, y que pretenden por la vía de la autodestrucción
seguir hundiendo el sistema en el que se desarrollan.
En síntesis, recomiendo la novela por
contener una narrativa sencilla y llena de episodios cotidianos que sufrimos
los usuarios del servicio público ante los funcionarios públicos. También
resulta rescatable las reflexiones de Juan Pacheco, quien tiene un motivo
suficiente para odiar a la sociedad mexicana, pero la forma en que busca su
venganza no es la óptima, más cuando se trata de un tipo que en el interior es
sensible, que limitado por su poca preparación académica, pretende imitar las
formas de autoridad que conoce, lamentablemente llenas de vicios. Es ahí donde
se fija la trascendencia de la novela, pues quizá como lo sostuvo Erich Fromm
en aquel miedo a la libertad debemos
analizar no solamente las cabezas de los sistemas sino también el estado
interno de la población, quienes por medio de la frustración constante que
genera la desigualdad del sistema de producción capitalista, ha llegado al
extremo de generar sádicos y masoquistas en general, anhelando un líder
vengador que no resuelva sus problemas pero calme su necesidad de venganza.
Cita:
Pérez Chowell, José, Señor burócrata, editorial
Universo, México, 1981.
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