La justicia burocrática federal
vive uno de sus momentos más obscuros dentro de su historia jurídica de México.
La reforma judicial no alcanzó a este organismo que, con menor rubor comenzó
una partidización de la justicia con la designación de algunos magistrados que provienen
directamente de ser Diputados, como es el caso del magistrado Kevin Angelo
Aguilar Piña de la Cuarta Sala del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje
o el de Nazario Norberto Sánchez de la Sexta sala del Tribunal, quienes su
último cargo anterior fue ser diputados y ahora son representantes del gobierno
federal, lo que de alguna manera podría resultar con cierta incompatibilidad si
atendiéramos el principio de División de Poderes.
Pero ello desafortunadamente no
es lo más indignante que ocurre en el más alto tribunal burocrático del país, porque
es claro el papel que tomarán esos perfiles en la impartición de justicia
burocrática, sino el papel de algunos “decanos”, quienes no se cuestiona su antigüedad en el
cargo de magistrados como tampoco su competencia o conocimiento jurídico, como
es el caso del doctor Carlos Francisco Quintana, quien ha sido catedrático, es
autor de diversas obras jurídicas, además de contar con el cargo de magistrado
por más de un par de décadas.
Lo realmente indigno, es que a pesar de
toda esa experiencia y a pesar de todo ese conocimiento, ahora convenientemente
se adapte a los nuevos criterios, donde la premisa principal es la negación
del derecho de los trabajadores al servicio del Estado, desde luego por motivos
económicos, muy particularmente nos han sorprendido los criterios donde
desconoce el servicio profesional de carrera y sobre todo su garantía
especial frente a los cargos de libre designación, negando el derecho legítimo
de los trabajadores a recibir su indemnización cuando se les cesa por un simple
oficio, y sin procedimiento alguno.
También la complicidad con las
autoridades de la administración pública federal, respecto a la
ejecución de los Laudos, donde la estrategia es el eterno apercibimiento de la
multa de mil pesos, y buscar que se archive el expediente, cuando es su
obligación como Presidente de la Quinta Sala del Tribunal Federal de
Conciliación y Arbitraje, procurar que se ejecuten los Laudos.
Pero diría Nicolás Maquiavelo, lo primero
es sobrevivir o el inolvidable Rius la panza es primero. Pero lo que
no debe olvidar el magistrado Quintana Roldán es que al juicio de la historia
nadie se le escapa, y lo que con años de esfuerzo y dedicación como jurista
construyó, lo empieza a desvanecer con sus omisiones y actuaciones
parcializadas. ¿Cuándo se revisará el actuar de los magistrados del Tribunal
Federal de Conciliación y Arbitraje?
Por último, debo en un acto de justicia reconocer que hay otros perfiles
con solidez académica y carrera judicial, que si bien no son una garantía absoluta
sí deben ser considerados como el caso de la doctora Jiménez Moles, quien
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