domingo, 14 de junio de 2026

El extraño caso de Carlos Francisco Quintana Roldán. El eterno magistrado del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje.

 

La justicia burocrática federal vive uno de sus momentos más obscuros dentro de su historia jurídica de México. La reforma judicial no alcanzó a este organismo que, con menor rubor comenzó una partidización de la justicia con la designación de algunos magistrados que provienen directamente de ser Diputados, como es el caso del magistrado Kevin Angelo Aguilar Piña de la Cuarta Sala del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje o el de Nazario Norberto Sánchez de la Sexta sala del Tribunal, quienes su último cargo anterior fue ser diputados y ahora son representantes del gobierno federal, lo que de alguna manera podría resultar con cierta incompatibilidad si atendiéramos el principio de División de Poderes.

     Pero ello desafortunadamente no es lo más indignante que ocurre en el más alto tribunal burocrático del país, porque es claro el papel que tomarán esos perfiles en la impartición de justicia burocrática, sino el papel de algunos “decanos”,  quienes no se cuestiona su antigüedad en el cargo de magistrados como tampoco su competencia o conocimiento jurídico, como es el caso del doctor Carlos Francisco Quintana, quien ha sido catedrático, es autor de diversas obras jurídicas, además de contar con el cargo de magistrado por más de un par de décadas.

      Lo realmente indigno, es que a pesar de toda esa experiencia y a pesar de todo ese conocimiento, ahora convenientemente se adapte a los nuevos criterios, donde la premisa principal es la negación del derecho de los trabajadores al servicio del Estado, desde luego por motivos económicos, muy particularmente nos han sorprendido los criterios donde desconoce el servicio profesional de carrera y sobre todo su garantía especial frente a los cargos de libre designación, negando el derecho legítimo de los trabajadores a recibir su indemnización cuando se les cesa por un simple oficio, y sin procedimiento alguno.

      También la complicidad con las autoridades de la administración pública federal, respecto a la ejecución de los Laudos, donde la estrategia es el eterno apercibimiento de la multa de mil pesos, y buscar que se archive el expediente, cuando es su obligación como Presidente de la Quinta Sala del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje, procurar que se ejecuten los Laudos.

     Pero diría Nicolás Maquiavelo, lo primero es sobrevivir o el inolvidable Rius la panza es primero. Pero lo que no debe olvidar el magistrado Quintana Roldán es que al juicio de la historia nadie se le escapa, y lo que con años de esfuerzo y dedicación como jurista construyó, lo empieza a desvanecer con sus omisiones y actuaciones parcializadas. ¿Cuándo se revisará el actuar de los magistrados del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje?

   Por último, debo en un acto de justicia reconocer que hay otros perfiles con solidez académica y carrera judicial, que si bien no son una garantía absoluta sí deben ser considerados como el caso de la doctora Jiménez Moles, quien 

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