La reforma judicial inició con
fuerza propagandística, y con la esperanza de justicia al pueblo, no sin una
elección llena de dificultades que fueron desde la baja participación electoral,
hasta el cuestionamiento público de algunos métodos “novedosos” de orientación
al voto.
A pesar de todo, parecía que las viejas
inercias cambiarían y que habría compromiso extremo con la justicia emanada de
una elección, lamentablemente para los justiciables hasta el momento no es así.
Uno de los dramas más trágicos, se
encuentran en los Tribunales Colegiados de Circuito, y algunos Tribunales
Colegiados de Apelación que, bajo el apotegma de “cuando las cargas de trabajo
lo permitan”, atenderán y resolverán los asuntos que tienen encomendados.
Lo
más grave es que no hay medio humano que pueda evitar esa dilación
injustificada, pues, aún cuando hubo reformas a la Ley de Amparo, donde se
señaló que las autoridades jurisdiccionales de amparo debían resolver el asunto
en noventa días según promete el artículo 183 de dicho ordenamiento, que hoy es
letra muerta.
Entonces, tenemos una serie de Tribunales
Colegiados que se están tardando en promedio de ocho meses a un año en el mejor
de los casos, pues, dependiendo del asunto llegan a tardar hasta ¡tres años!
Ya no hablemos de la calidad en las
resoluciones que sería un tema importante, porque a pesar del amplio tiempo que
se toman algunos órganos jurisdiccionales, las resoluciones llegan a tratarse
de transcripciones en un ochenta porciento de los documentos, y solamente el
veinte restante en el análisis crítico de los planteamientos, que además pueden
ser de forma otorgando, en el caso del amparo, sentencias para efectos, lo que
implica que por una formalidad no estudian el fondo de los asuntos “reponiendo
procedimientos”, práctica que debería erradicarse porque retarda aún más la
justicia.
Por ello, se debe reflexionar y abrir un
debate profundo sobre el futuro de la justicia constitucional en México, porque
al parecer en este momento se encuentra en pausa, bajo la incertidumbre
constante y la resignación de muchos justiciables quienes empiezan a dejar de
creer que los procesos judiciales son una forma de dirimir las controversias,
pero ¡ánimo! ¿por qué dicen que tiempo lo cura todo no?