En mi época de estudiante de
licenciatura en la UAM-Azcapotzalco disfrutaba constantemente de lecturas
filosóficas, muy en especial de los textos de Fiedrich Nietschze, quizá porque
en esas épocas de incomprensión y actitud revolucionaria ante un mundo extraño:
el laboral, muchos estudiantes recurríamos a la filosofía quizá un poco
melancólica del nihilismo.
Escuchar cátedra en las mañanas, con algunos docentes que externaban su
decepción por la profesión y leer el Financiero viendo las dificultades
del mundo real, eran una constante, que desmoralizaba a cualquiera.
Recuerdo que en esas épocas, entre
decepción y resignación, sabíamos que teníamos que luchar contra las inercias
del mundo laboral, por fortuna también había docentes que nos impulsaban al
mundo profesional, recuerdo que uno de ellos que siempre será uno de mis
mentores fue don Manuel Eduardo Fuentes Muñiz (De quien en otro momento narraré
algunas de sus enseñanzas), quien nos invitó a un grupo de jóvenes a la
Asociación Nacional de Abogados Democráticos.
Todos entusiastamente formamos tres centros uno de asesoría, estudio y
cultura. Recuerdo que en la presentación, pocos abogados y abogadas de
experiencia nos apoyaron, pero había uno en particular quien tomaba la palabra
y nos hacía reflexiones profundas, y alentaba a seguir formándonos, algo que nos
llamó la atención era su vestimenta sencilla pero su lenguaje era de gran
profundidad técnico jurídico y filosófico.
Acudió a todas nuestras sesiones
en la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, su nombre era Jorge
Domingo Viveros Reyes, abogado laboral del Estado de Cuernavaca, Morelos. Nada
pretensioso, pero sí rigorista con el desarrollo de ideas, con constantes citas
y críticas a nuestra exposición, dándonos cátedra del desarrollo de las ideas.
Mi relación con Cuernavaca siempre fue
constante, mi madre tenía una propiedad en un municipio cercano, y a mí me
encantaba ir a la ciudad para tomar nieve, dar una vuelta con ese clima
excepcional y acudir a sus balnearios. Lamentablemente, también conocí los
abusos patronales en la región, en una ocasión un cuidador de casas muy
honesto, comentó una injusticia que le habían hecho al despedirlo
injustificadamente, pero me dijo tengo al mejor abogado de Morelos que además no
me cobra hasta que ganemos el juicio, su nombre es Jorge Viveros.
Pero
también había, quienes del lado de trabajadores, aprovechaba las circunstancias
y pretendía extorsionar a las personas que tenían casas de descanso, en alguna
ocasión nos demandó un tipejo que se decía abogado de trabajadores, pero que ni
los conocía, y pretendía quedarse con la propiedad de mi madre, desde luego
negamos la relación laboral porque notamos que todo era un invento, yo no le di
relevancia en ese momento, pero decidí consultar a Jorge Viveros. Éste al escucharme
me regañó y me dijo que tenía que estudiar todos y cada uno de los puntos que
planteaba una demanda laboral, y que no había “enemigo pequeño”, con total
solemnidad aprendí que la defensa de intereses en juicios laborales no puede
tomarse a la ligera, sino debe haber total seriedad y solemnidad, por fortuna
lo consulté y atacamos muy bien el asunto, por ende ganamos.
Aunque recuerdo que, en alguna de las
audiencias no pudo acompañarme, porque estuvo ocupado, subí a la junta de
Conciliación en Morelos, donde me llevé la sorpresa de que Jorge había creado
un sindicato de servicios públicos y había logrado la firma de un contrato
colectivo, y el abogado patronal del Estado decía: “nos la hiciste Jorge, solo
porque no sabemos colectivo”.
En la ANAD, alguna vez fue un mediador
excepcional, cuando la juventud nos confrontó con lo que parecía una imposición:
la presidencia de Enrique Larios, y quienes nos pretendían desconocer a los jóvenes
de la ANAD y nuestro candidato el inolvidable Medardo Bañuelos, afortunadamente
don Jorge intervino y con esa elocuencia que tiene convenció a ambos bandos,
logrando la unidad y el trabajo conjunto, que rindió grandes frutos que a la postre se mantienen.
No obstante ello, don Jorge jamás se tomó
algo personal en los conflictos que lo vi intervenir, siempre fue un fomentador
del dialogo profundo y razonado. Ahora me entero que enfrenta una enfermedad, pero como en aquellos años por su elocuencia y fuerza moral nosotros le pusimos el mote de Zaratustra o superhombre, y sabemos que así seguirá, esperaremos pronto tengamos una alegría que celebrar, cuando don Jorge logre vencer ese mal. Ánimo Maestro!